jueves, 6 de junio de 2013

The Damned Mouriño (II): Mouriño busca un nuevo hogar. Al Madrid le humillan en el suyo

¡Las cosas curiosas que tiene el fútbol! La victoria por la que muchos madridistas recordarán con cariño a José Mourinho no la consiguió el portugués dirigiendo al Real Madrid, sino al Inter de Milán. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la famosa noche de los aspersores, en la que los interistas privaron al F.C. Barcelona de ganar en el Santiago Bernabeu una final que podría haber terminado en guerra civil (en Yugoslavia se lió por menos de eso). Una noche para la historia que todavía se recordará en la capital de España como un triunfo más de su equipo.

¿Cómo se llegó al punto de que la parroquia blanca empezase a celebrar las derrotas de su máximo rival como victorias propias? La respuesta tiene dos prismas: Por un lado están los consecutivos rídículos del Madrid en Europa durante casi una década. Por otro, el Barcelona de Guardiola, que irrumpió en el panorama futbolístico como un ciclón y lo arrasó todo a su paso durante un año en el que todo les salió perfecto.


Retrocedamos al año 2007. El Madrid de Ramón Calderón navegaba hacia un mar de inestabilidad. Tras la marcha de Fabio Capello, que había logrado la liga de forma "épica" (con goles de Van Nistelrooy en los últimos minutos a equipos arruinados) le sucedió en el cargo el alemán Bernd Schuster, bajo la promesa de ver "mejor fútbol".

Aun así, esta delicada situación del Madrid se veía eclipsada por los problemas deportivos e institucionales al otro lado del puente aéreo. El Barcelona se hallaba inmerso en un profundo proceso de descomposición, con su otrora estrella Ronaldinho convertido en ex-jugador de fútbol y la gent blaugrana pidiendo las cabezas de Xavi o Puyol (a mí esto no se me olvida) entre otros. Con una liga cada vez más parecida a la de Escocia y sin un rival que le hiciese sombra, el Madrid tuvo todo de cara para conseguir el campeonato 2007-2008. A pesar del éxito doméstico, los merengues no pudieron tapar sus vergüenzas europeas y por sexta temporada consecutiva se quedaron sin pasar de octavos de final en Champions. Esta vez por cortesía de la Roma.

Gordinho

En Inglaterra las cosas también estaban movidas para Mou. Abramovich pensaba, al igual que los seguidores del Real Madrid del Señorío, que tener un equipo de estrellas es condición suficiente para ganarlo todo (a ojos de esta gente los demás no juegan) y acabó por desquiciar a su manager, que optó por largarse a Italia de un portazo.

En el Calcio Mou se dedicó a hacer las dos cosas que mejor se le dan: ganar titulos y tener broncas con la prensa y con los entrenadores y jugadores rivales. Tal y como hiciera en Portugal y en Inglaterra, en su primera temporada ganó la liga. No obstante su papel en Europa no superó al de su predecesor Roberto Mancini (ese tipo que aun no se sabe cómo leches ha llegado a entrenar un equipo de élite). Pero si algo destaca a Mouriño es su capacidad para mejorar a sus equipos en su segunda temporada.

Hablando de segundas temporadas, Schuster no llegó a comerse el turrón en la suya. La derrota frente a la Roma hizo mucha pupita, y las continuas broncas de Bernardo con la prensa metemierda de Madrid  (teledirigida de aquellas por Raúl y Guti) acabaron con el alemán cesado a mitad de temporada. Como a perro flaco todos son pulgas, mientras la casa blanca se destruía el Barcelona del hijo pródigo Pep Guardiola pulverizaba todos los records. En cosa de un año el Barcelona escribía su página en la historia con un sextete de títulos, cuya guinda fue un humillante 2-6 en el Bernabeu ante un Madrid impotente entrenado ya por Juande Ramos.

Más madera quedaba por arder. Calderón fue cesado del Madrid cuando se descubrió su amaño de votos (con colaboración de los Ultra Sur) para llegar al poder y entre medias pasaron tres presidentes por la entidad. Un señor mayor que no recuerdo bien, el dueño de Martinsa-FADESA (que venía para hacer una sustitución temporal y trató de perpetuarse en el cargo hasta que lo fulminaron) y uno que se llamaba Boluda, eternamente recordado por su pronóstico del "chorreo" al Liverpool, que terminó con los reds endosándole un 4-0 (con Casillas bajo palos y Fernando Torres marcando).

La situación fue tan lamentable que tuvo que volver Florentino Pérez de su exilio voluntario y poner tropecientos millones sobre la mesa para traerse a Cristiano Ronaldo, Kaká, Xabi Alonso y Benzemá. Esta vez el elegido  por Valdano para dirigir el cotarro fue Manuel Pelegrini, que venía de firmar un par de buenas temporadas en el Villarreal. A mi Manuel me parecía un entrenador majo y creo que tendrían que haberle dejado trabajar un par de temporadas. Por desgracia, al igual que sus predecesores en la última década no llego a hacer dos seguidas. Con Pelegrini el Madrid volvió a quedar segundo en liga, volvió a hacer el ridículo en la Copa del Rey, encajando un 4-0 frente al Alcorcón (con Casillas bajo palos) y volvió a ser eliminado en octavos (esta vez frente al Olympique de Lyon). Fue esta última una derrota especialmente dolorosa, puesto que ese año la sede de la final era el Santiago Bernabeu.

Por su parte, el Barcelona continuaba con su racha imparable hacia la segunda champions consecutiva. Con Guardiola convertido en un semidiós querido en su pequeño país que se ve desde un campanario y respetado por el Señorío, el cruce Inter-Barsa de semifinales de Champions de 2010 se convirtió en algo más que un partido de fútbol. Fue uno de esos duelos que perdurarán en el inconsciente colectivo durante décadas. Lo que se presentó a las masas como la batalla definitiva entre dos extremos cuyos fans y detractores se cuentan por millones: jogo bonito contra táctica, plasticidad contra pragmatismo, Menotti contra Bilardo, Gryffindor contra Slytherin, en definitiva, el bien contra el mal.

Pep Guardiola votando por la independencia de Catalunya

En la ida Mou devoró a Guardiola con su planteamiento táctico y su equipo remontó un gol en contra en una jugada aislada para llevarse el partido por 3-1. Pero faltaba lo más difícil, sobrevivir al Barcelona en el Camp Nou, donde desde hacía tiempo los blaugranas se habían acostumbrado a golear a todo el que pasase por allí. El Barsa contó con su habitual ayudita arbitral y Motta fue expulsado el minuto 20 por una agresión fingida por Busquets. El más difícil todavía.

Ante tal percance, un entrenador de los llamados "ganadores" o "valientes", esos que demanda el Señorío del Bernabeu, hubiese obtado por meter en el campo dos centrocampistas de tiki-taka y un delantero para buscar los espacios. El partido terminaría con el Barcelona endosándole un 6-0 a esos pobres desgraciados y los jugadores intercambiándose las camisetas con buenas caras. Lo que se conoce como una oda al fútbol. Pero aquello no entraba en los planes de Mou, que movió ficha y restructuró tácticamente al equipo para minimizar daños y tratar de impedir que el Barcelona jugase cómodo (¡que rastrero!). Con el paso de los minutos Guardiola veía impotente desde la banda como sus pupilos se empotraban contra un muro que sólo se abrió en una ocasión, cuando Piqué marcó gol en clarísimo fuera de juego.

La derrota con sabor a victoria del Inter fue celebrada en Milán y Madrid a partes iguales, mientras que en Barcelona el club hacía gala de su seny activando el sistema de aspersores en el campo para aguar la celebración de los visitantes. Daba igual. Los tifosi se veían  después de más de cuatro décadas en una final de la máxima competición. A la postre los neroazurri completarían uuna temporada perfecta, alzando la liga, la copa y esta vez sí, la Champions League, frente a un grande como el Bayern de Munich. Unas semanas después Mou, el anhelado, sería presentado como flamante nuevo entrenador del Real Madrid.

sábado, 18 de mayo de 2013

The Damned Mouriño (I): Luces en Londres, sombras en Madrid

Ayer día 17 de Mayo perdía José Mouriño la que será posiblemente su última final como entrenador del Real Madrid. Lo hacía de forma dolorosa, ante el máximo rival regional (el Atlético de Madrid) y en el feudo donde depositan los merengues sus sueños, sus esperanzas y también sus cáscaras de pipas: El Santiago Bernabeu. No sólo fue triste perder el partido sino la forma cruel en que se hizo: con Cristiano desquiciado y tirando por tierra todo el crédito que había ganado en el último año, con Ozil fallándolo todo al más puro estilo Higuaín y, sobre todo, con el retrato difuminado de una plantilla que acabó enbroncando un partido que perdió por sus propios deméritos.

Aunque a mí la imagen que más me chocó fue la de Mouriño mirando desde el banquillo el partido como un espectador más. Nada que ver con su colega rival Simeone, que no paraba de arengar, protestar y dar instrucciones a los suyos desde la banda. Nada que ver con el propio Mouriño tres años antes, en la final de Mestalla frente al F.C. Barcelona de Guardiola. Mouriño era ayer un hombre completamente desilusionado con su trabajo. Rodeado de decenas de miles de personas y sintiéndose solo e insignificante ¿Cómo pudo el mejor entrenador de los últimos tiempos terminar así su andadura en el mejor club del pasado siglo? Para ello habrá que retrotraerse unos cuantos años.

Cuando Mouriño consigió de manera sorpresiva la Champions de 2004 con Oporto, los grandes clubes de Europa no tardaron en poner su mirada en aquel entrenador joven, competitivo, algo arrogante y ante todo mediático, que parecía destinado a ser uno de los protagonistas de las próximas décadas. El Chelsea del magnate ruso Abramovich, descontento con su predecesor en el cargo Claudio Ranieri, acabó por llevarse el gato al agua, iniciando así un idilio entre entrenador y aficionados que ha perdurado hasta nuestros días y que tiene todos los visos de resurgir dentro de unas pocas semanas, cuando Mou se largue (o le larguen) de la capital de España.

Los ingleses, que a diferencia de nosotros tienen muy presentes a sus leyendas, vieron en Mouriño un reflejo del mítico entrenador Brian Clough, famoso por logros irrepetibles en los setenta, tales como ganar una liga con el modesto Derby County o dos Copas de Europa con un club provincial como el Nottingham Forest, del que se decía hasta hace no mucho, que tenía más Champions que el Barcelona. Yo comparto esa comparación Clough-Mouriño y creo que en algunos aspectos, tanto su personalidad como sus carreras guardan ciertas simitudes. El "fracaso" de Mou con el Madrid recuerda al de Clough al frente del Leeds United y solo el tiempo dirá si este gran tropezón es la antesala de un triunfo final (similar al de Clough con el Nottingham Forest, que es casi como justicia poética) o el entierro definitivo de José Mouriño, que viene de firmar la peor temporada de toda su carrera como entrenador.

Michael Sheen es Brian Clough en The Dammed United

Luces en Londres, sombras en Madrid

La llegada de Mou a Londres revolucionó la capital británica y puso patas arriba la Premier, dominada absolutamente por el Manchester United de Alex Ferguson. Tirando inteligentemente del talonario (algo que también caracterizaba al bueno de Clough) Mouriño configuró un equipo a base de grandes incorporaciones (Drogba, Robben, Petr Čech, Ricardo Carvalho, Tiago) que, sumados a los ya presentes (Lampard, Terry, Makélélé) se convirtieron durante un trienio en la escuadra dominadora de Inglaterra y un claro aspirante a la gloria continenal. Por cierto, muchos de esos hombres han tenido un papel crucial en los éxitos más recientes del Chelsea, como la Champions 2012 o la Europa League 2013.

En el primer año de la era Mou, el Chelsea ganó la Premier (un título que el club londinense no lograba desde hacía cinco décadas) de manera brillante: Batieron el record de victorias, unicamente perdieron un partido y sólo concedieron 15 goles durante toda la temporada. En Europa, los blues también dieron la talla, llegando a semifinales por primera vez en su historia, dejando en la cuneta al Barcelona de Rijkaard y al Bayern Munich entre otros. Casi nada. Fue por aquel entonces que Mouriño se ganó el apodo de "The Special One".

En su segundo año Mou y los suyos revalidaron el título liguero, aunque esta vez fueron eliminados en la Champions frente al Barcelona. En la tercera temporada del portugués al mando del Chelsea, se hicieron nuevos fichajes de renombre (Shevchenko, Ballack, Ashley Cole) con el fin de levantar de una vez por todas la orejona. No pudo ser, de nuevo los blues se quedaron a las puertas de final y de nuevo quien le privó fue el Liverpool de Rafa Benítez.



El Madrid, por su parte, había iniciado con la marcha de Del Bosque en 2003, una larga travesía en el desierto que le ha acabado por convertir en el equipo segundón de España, en detrimento del Barcelona. El por aquel entonces presidente de la casa blanca, Florentino Pérez, decidió prescindir de los servicios de su entrenador a pesar de haberse logrado en la temporada una digna liga y llegar a unas semifinales de Champions. ¿Los motivos? Nunca quedaron claros. En su día se habló de descontrol en el vestuario, de dinero, ... incluso se escribió que el señor Pérez, más preocupado por hacer negocios en el palco que por la  faceta deportiva del club, buscaba para el banquillo alguien más mediático, con más glamour. Todo con el objetvo final de producir merchandising y aumentar el presupuesto del club.

A toro pasado es evidente que aquella fue la peor decisión deportiva de un presidente blanco desde el fichaje de Prosinecki. En su día no parecía tan claro y la merengada estaba dividida. Es cierto que con Del Bosque el Madrid había ganado 2 champions y 2 ligas, pero el rendimiento de la plantilla durante aquellos tres años y medio había sido irregular (o se ganaba una cosa o se ganaba la otra). En pleno proceso de descomposición del Barcelona (por aquellas en una situación similar a la del Madrid hoy en día) tras la era Van Gaal y la dolorosa marcha de Figo al eterno rival, los Galácticos del Tito Floren dejaron escapar bastantes títulos domésticos frente a rivales en teoría inferiores (se perdieron ligas y copas ante a Dépor y Valencia entre otros). Más aun, internacionalmente el equipo tiró a la basura finales contra equipos mediocrillos como el Galatasaray o el Boca Juniors, simplemente por falta de intensidad.


Para muchos aficionados y para el propio Florentino, aquello guardaba mucha relación con la filosofía de Del Bosque, muy poco proclive a buscarse líos con los pesos pesados del vestuario y dejarles gran parte (por no decir la totalidad) del poder. Los que ahora le dedican odas y le bailan el agua en su tiempo lo llamaban despectivamente el alineador. En aquellos tiempos de "libertad" los marrones que tendrían que quedarse en el terreno de juego, se los comió el presidente, que tenía que escuchar a escuchar a Zidane diciendo que Figo no le pasaba la pelota, o ver como mes tras mes Ronaldo acumulaba grasa y líos de faldas, sin que nadie le diese un toque de atención.

La puntilla fue la celebración apática de los jugadores en el título de liga por orden del capitán Fernando Hierro,  dejando al presidente y a los fans con un palmo de narices y la sensación de que los jerifaltes del vestuario hacían lo que les daba la real gana. Fue esta una desconsideración que el presidente no toleró. El caso es que Del Bosque y Hierro se largaron y con ellos lo hicieron otros miembros de vital importancia en la consecución de las últimas Champions como Makélélé, Morientes o McManaman. Tierra quemada, que dirían algunos.

E. Honda
El sucesor de Del Bosque fue el ayudante de Ferguson, Carlos Queiroz. Una decisión avalada (no lo olvidemos) por ese inventor del fútbol moderno y gran madridista que es Jorge Valdano. Lejos de traer disciplina desde el banquillo, aquello fue el pistoletazo de salida al Madrid triturador de entrenadores que conocemos hoy en día y que poco tiene que ver con Mouriño. De toda esta banda, quizás Queiroz fue precisamente el menos malo. LLegó a la final de Copa, lideró la liga durante gran parte de la temporada y fue eliminado por el Mónaco en cuartos de final en una eliminatoria extraña donde la afición del Bernabeu, fiel a su estilo baboso, aplaudió a rabiar el gol del exiliado Morientes (que a la postre sería vital para la remontada del equipo galo).

Durante los cuatro años siguientes el Madrid hizo suya la costumbre visigoda de destuir la cabeza gobernante cada pocos meses y firmó a seis entrenadores, superando a todo un experto en la materia como Jesús Gil. Al "segundo de Ferguson" le sucedieron por este orden:
  1. Camacho el breve
  2. Mariano García Remón
  3. Wanderlei 'Cuadrado Mágico' Luxemburgo
  4. López 'Zaragoza 6 Madrid 1' Caro
Ni que decir tiene que en esa etapa no ganó ningún título y que, como todos saben aunque algunos traten de tapar, fueron eliminados en octavos de Champions. Todo ello aderezado con humillaciones como el 6-1 ante el Zaragoza (con Iker Casillas bajo palos) o el 0-3 contra el Barsa (también con Casillas), que nos dejó una imagen de señorío blanco para la posteridad:



Entre medias, un sobrepasado Florentino había huido del cargo, sucediéndole Ramón Calderón tras ganar las elecciones con la inestimable ayuda de los Ultra Sur, inseparables aliados hasta el final de su mandato. Calderón se trajo bajo la manga a Fabio Capello, un viejo conocido de la afición merengue. Con el férreo técnico italiano se logró la liga en la última jornada tras cuatro en blanco. Lo hizo frente al Barcelona de Rijkaard, aunque esto de Rijkaard es un decir, puesto que el técnico holandés había perdido cualquier control sobre el vestuario culé, que se desangraba mientras los Ronaldinho, Deco o Etoo se dedicaban a enmierdar y bajaban su rendimiento a la mínima expresión, dejando así escapar una liga que tenían ganada durante semanas.

Con todo, en la temporada 2007 el Madrid se mantendrá fiel a sus dos tradiciones del siglo XXI, sucumbir en octavos de final, esta vez frente al Bayern y cargarse a su entrenador haga lo que haga y gane lo que gane. Don Fabio (señalado por la prensa por algo tan grave como blindar el vestuario o "no jugar bonito") es cesado a pesar de acabar con la sequía de títulos más larga del club blanco. 

Continuará en The Damned Mouriño (II): Mouriño busca un nuevo hogar. Al Madrid le humillan en el suyo

domingo, 14 de abril de 2013

Aquellos partidos de la II República

Recuerdo que en las clases de Historia en mi escuela pasábamos meses estudiando la antigüedad clásica, el Imperio Romano (mi preferido), la Edad Media, la conquista de América, la Ilustración (esta un poquito menos), la independencia de las colonias y al final llegábamos a la España moderna que, en mi caso, siempre terminaba con la I República. La Transición, un siglo después, era un camino brumoso y confuso del que apenas se tocaba nada. La explicación oficial es que se nos había acabado el tiempo lectivo y por tanto había que resumir las cosas en un par de puntos.

Una pena. Sólo conociendo nuestra Historia podemos endender nuestro presente y es una obviedad que los últimos 100 años de un país tienen más peso que los cinco siglos anteriores, aunque de todas las épocas se pueda sacar algo. El problema es cuanto uno más excarva en la historia recente de España más cínico y antipatriota se vuelve. Quizás por eso en mi colegio, que era un colegio privado laico pero con cierta inclinación a la derecha, decidieron obviar este período turbulento y polémico de nuestra Historia.

La Guerra Civil es un asunto que despierta en mí una mezcla de curiosidad y de tristeza. Curiosidad porque cuanto más aprendo de la II República y del Alzamiento de Francisco Franco más clara se me hace la situación actual que estamos viviendo en España. Me despierta tristeza porque pienso, aun a riesgo de pecar de idealista, que la II República fue seguramente el intento más honesto que tuvieron los españoles de reinventar su historia y de construir una sociedad libre. A tenor de los resultados es evidente que fracasaron, pero sus intenciones y lucha por el país tienen mi simpatía.

En su libro, 40 preguntas fundamentales sobre la Guerra Civil, el historiador americano Stanley G. Payne hace un análisis bastante completo del conflicto, con sus motivos y sus consecuencias. Una de las cosas que me llamó la atención a la hora de ver la realidad política existente en los años 30 es la variedad de fuerzas que configuraron el Parlamento de nuestra República. Una consecuencia, supongo, de lo joven que era nuestra democracia, impermeable por entonces al bipartidismo reinante en la actualidad.

En el centro de todas las fuerzas estaba el Partido Republicano Radical, con gente como Alejandro Lerroux (su fundador), Niceto Alcalá-Mora o Miguel Maura. El PRR fue un actor principal de la República, como lo fue la UCD durante la Transición. Curiosamente, o no, ambos partidos terminaron defenestrados tras un Golpe de Estado.

En la izquierda moderada estaba Izquierda Republicana, otro partido del que poco queda ya. Si se me permite diría que son el equivalente a nuestra actual Izquierda Unida, aunque con matices, dado que Izquierda Republicana era más bien un partido de "izquierda burguesa". Un partido fiel al sistema pero con carácter progresista. Su lider fue Manuel Azaña, uno de los personajes claves de la República. Un hombre que le puso buena fe a cada error de los múltiples que cometió durante su mandato.


En el extremo izquierda existían fuerzas como la Comisión Nacional de Trabajadores o el Partido Comunista de España. Ambos buscaban una revolución de las clases humildes. Si bien la CNT sigue combativa y se mantiene hoy en día más o menos fiel a sus ideales originales el PCE fue "absorbido" por Izquierda Unida y sus líderes se dedican a pregonar las virtudes de la Transición y sus consensos a punta de pistola del ejército.

Entre la izquierda moderada y la ultraizquierda estaba, en un terreno extraño, el Partido Socialista Obrero Español. Sí, el PSOE. Poco o nada queda ya del partido que fundó Pablo Iglesias. Por aquel entonces era un partido profundamente antisistema, que buscaba crear una República Socialista.

domingo, 31 de marzo de 2013

Firefly: historia en Tandem

Xeilord: Firefly me parece una mierda y lo digo a pecho descubierto

Hace ya mucho tiempo que el señor Radmains intenta que vea una serie que según él, y otros muchos miles de fans por todo el mundo, dicen que es la hostia. Que si es la serie de ciencia ficción definitiva, que si es la leche en verso, hablamos de Firefly. Hoy me aventuré con el primer episodio, y va a ser el primero y el último.

Firefly nace de una mezcla de géneros como son el Western y la ciencia ficción, algo que ya había hecho George Lucas hace ya...35 años o en el Anime con Cowboy Bebop. El problema es que así como Lucas actualiza, no con mucho acierto, su producto, la serie de Josh Whedon se ve vieja, pero vieja de verdad, y cutre y eso que es del 2003.

Firefly modo Alien Vs Predator con el símbolo de Weiland-Yutani en la parte superior, algo parecido al Space Invaders pero más cutre

lunes, 18 de marzo de 2013

BERSERK: regreso a lo auténtico

Pensaba que el Manga no me podía sorprender, hacía tiempo que estaba así como huérfano, compraba algún tomo suelto, sigo comprando Bleach aunque ya no se porqué, pero desde que se terminó Del Cielo al Infierno y Air Gear parece que no va a ningún lado, estaba perdido.

Hace mucho tiempo que me llevan recomendando dos mangas, uno Vagabond y el otro Berserk. (No recomiendo mirar mucho estos dos enlaces que he puesto si se va a leer cualquiera de las dos obras)

De los dos lo que se me ha dicho es que aún no han terminado, y eso me retrotrae a la tierna "infancia" cuando en 3º de BUP compré el primer tomo de Bastard (Kazushi Hagiwara) y a día de hoy sigue sin terminar.


De modo que siempre, SIEMPRE he sido muy reticente a comenzar cualquiera de estas dos colecciones, pero recientemente vi a un gran amigo y me comentó de pasada que Berserk era la polla y el final era increíble, lo del final sabía que era un error, pero el anime sí tiene un final, así que este fin de semana, ni corto ni perezoso, me embarqué en un marathon de visionado del anime, sus 25 capítulos, uno detrás de otro, y sí, el final es cuanto menos desconcertante.

Pero no desvelaré nada, jamás.


La historia de Berserk es la historia del trío Gatsu, Griffith y Kiaska, el primero es un mercenario que va por ahí blandiendo una espada que es más grande que él y partiendo cabezas por doquier, sin nada más que hacer ni en qué pensar, su historia es la de un huérfano recogido por una banda de mercenarios de la que acaba huyendo por razones que no voy a desvelar.


En esto que uno de los de la Banda del Halcón se mete con Gatsu al ver su poderío y el hecho de haber vencido a un guerrero inmenso en un asedio a un castillo, así que van a por él y es en este momento cuando Griffith se fija en sus artes de combate y en algo más, y con Griffith va Kiasca, la chica.


A partir de este momento existe una especie de triángulo amoroso en el que Gatsu no aporta nada, Griffith, que es el negativo en todo de Gatsu, sólo tiene ojos para él y Kiasca sólo tiene ojos para Griffith y un odio enorme hacia Gatsu.


Y ahí tenemos los ingredientes para un gran manga, en el que su autor Kentaro Miura dibuja y escribe algo sublime,una historia que supera cualquier expectativa y realmente algo que debo tener en mi colección y vosotros en la vuestra.


Por cierto, para el que no quiera leer, han reeditado el anime en tres películas, la tercera de ellas saldrá este año 2013 así que ya tenéis algo para entreteneros.